Vacaciones en el mar

 

Eran las diez de la noche y la princesa Ysi no paraba de dar vueltas en la cama.
Lo había intentado todo, había contado ovejas, había saltado 100 veces, había leído…pero nada.
Cada vez que cerraba los ojos su cabecita rubia empezaba a pensar en lo que le esperaba al día siguiente. Y es que por primera vez en su vida Ysi iba a ver el mar.

Hasta ahora sus vacaciones consistían en visitar a sus distintas primas iendo de castillo en castillo por toda Europa, pero este año su prima Esther iba a pasar sus vacaciones en la playa y había invitado a Ysi.
Cuando recibió la carta se volvió loca de alegría. Se pasó tres días corriendo y gritando a los cuatro vientos que por fin iba a conocer el mar. Sin embargo ahora que se acercaba la fecha empezaba a tener dudas.
Según sus libros el mar podía ser muy peligroso. En sus profundidades había cientos de barcos hundidos y miles de personas habían desaparecido entre las olas o arrastradas por la corriente.
– Buff, ¿me tragará a mi también el mar? ¿me picará una medusa? ¿me morderá un tiburón?…

Estaba tan nerviosa que a eso de la media noche se levantó y decidió añadir unas cuantas cosas a la maleta.
– Unas botas de agua, para que no me pinchen los cangrejos. Un mono de nieve, para que no me piquen las medusas, una vieja espada del abuelo, por si tengo que defenderme de los tiburones…
Y añadió también una cantimplora, un tirachinas, una caja de petardos y tantas tantas cosas que apenas podía cerrar la maleta y mucho menos cargar con ella.
– Pero ¿qué diantres has metido aquí? Preguntó el dragón ___ cuando le ayudó a llevar la maleta hasta el carruaje. – ¡Parece que hayas metido una armadura! – Vaya, pensó Ysi, una armadura es justo lo que necesitaba para ir a la playa ¿por qué no se me habrá ocurrido antes? Seguro que todos los niños llevarán una armadura…Pero ya no había tiempo, tendría que apañarse con lo que tenía.

El viaje en carruaje era largo paro Ysi se lo pasó durmiendo ¿adivináis por qué?
Pues claro, Ysi no había dormido en toda la noche haciendo su maleta y ahora estaba tremendamente cansada.
Al abrir de nuevo los ojos creyó que seguía soñando pues delante de ella apareció el paisaje más hermoso que había visto en su vida. Una larga playa de arena blanca se alargaba frente a ella hasta la orilla turquesa y un mar azul lanzaba destellos de plata bajo el sol.
En la orilla su prima esther la saludaba alegremente invitándola a acercarse. Ysi no lo dudó ni un segundo. Lanzó sus zapatos al aire y corrió hasta la orilla metiendo sus pies descalzos en el agua. De nada sirvieron la espada, el tirachinas o las botas de agua. Ninguno de aquellos tratos le hicieron falta para disfrutar de unas vacaciones que fueron las más felices de su vida.